CAPÍTULO 9º
EL PERIODO LUNAR
Pasada la noche cósmica del periodo solar, se
inició el alba del periodo lunar. El universo solar se condensó en materia
etérica. La vida recapituló todos los estados de los pasados periodos cósmicos
y después de esos procesos de recapitulación, se inició en nuestra etérica
tierra, llamada tierra-luna, el periodo lunar en toda su plenitud. Los hombres
de la época lunar eran pequeños de estatura y sus cuerpos eran de materia etérica.
Construían sus casas bajo tierra, aunque sobre la superficie ponían techos
análogos a los techos de nuestras actuales casas. Negociaban, trabajaban y se
divertían lo mismo que nosotros, sus poblaciones urbanas eran pequeñas y
estaban conectadas como las nuestras con caminos y carreteras.
Tenían también automóviles semejantes a los
nuestros y las montañas eran transparentes como el cristal y de un color azul
oscuro muy hermoso; ese es el color azul que nosotros vemos en las lejanas
montañas, ese es el éter. Toda nuestra antigua tierra era de ese bello dolor.
Los volcanes estaban en incesante erupción y
había más agua que en nuestra época actual; por donde quiera se veían lagos
inmensos y mares dilatados... En ese período lunar vemos a Belcebú viviendo en
una enorme casa construida bajo tierra. Allí instruía a sus discípulos en un
amplío salón, vestía túnica de rayas negras y rojas y usaba turbante y capa de
ese mismo color, era un mago negro de cuerpo alto y robusto. Todos los chelas
negros lo veneraban profundamente.
Tenía Belcebú dos libros; uno en el cual leía a
sus discípulos y los instruía y otro que solo él estudiaba en secreto. Fueron
muchos los prosélitos que él conquistó para la magia negra entre los hombres
del periodo lunar.
La flora y la fauna de ese tiempo era muy
diferente a la nuestra: allí vemos clarividentemente vegetales minerales, es
decir: semi-vegetales, semi-minerales, vegetales semi-animales, etc., es decir,
los tres reinos de la naturaleza no estaban completamente definidos como ahora:
en esa época un reino se confundía con otro. Había entre los árboles una
marcada tendencia a tomar con sus ramas y hojas las formas cóncavas lo cual los
hacia semejantes a gigantescos paraguas. Se adivinaba a través de todo lo
existente una marcada tendencia a inclinarse "hacia abajo", es decir,
hacia la condensación de nuestra tierra actual. La naturaleza es una viviente
escritura por donde quiera, y con esa viviente escritura escribe sus designios.
Vemos en cambio ahora en nuestra época actual del
siglo XX una marcada tendencia del hombre a construir elevados edificios y
aviones cada vez más rápidos etc. Nuestros actuales arbustos no quieren
inclinarse sino subir hacia el sol, hacia arriba, y es que nuestra tierra ya
llegó al máximo de condensación material y ahora anhela subir nuevamente,
volver a "eterizarse"... En realidad el éter está inundando el aire y
eterizando la tierra cada vez más, y al final de la gran raza aria, el éter se
hará totalmente visible en el aire, y entonces las criaturas que viven en el
éter compartirán con el hombre todas sus actividades.
En el período lunar los cuerpos físicos de
nuestra actual humanidad llegaron a un mayor grado de perfección y entonces
recibimos el cuerpo astral. Los hombres de hoy éramos los animales del período
lunar, y los ángeles y los demonios de los antiguos períodos flotaban en la
atmósfera etérica de nuestra tierra-luna: eran visibles y tangibles para toda
la humanidad. El hombre percibía tras el fuego de los volcanes en erupción, a
los arcángeles (arcangeloi) o criaturas del Fuego y tras de todas las formas
existentes a los señores de la forma. Los hijos de la vida regulaban las
funciones vitales de todo lo existente y las criaturas elementales de los 5
elementos de la naturaleza convivían con los hombres.
Fueron los señores de la sabiduría quienes nos
dotaron de cuerpos astrales, y fueron los señores de la personalidad los que
nos dotaron de esta personalidad que hoy en día miran con tanto desprecio los
teosofistas.
Al finalizar aquel gran periodo lunar, los
íntimos de la actual humanidad recibieron el cuerpo del espíritu humano,
llamado cuerpo de la voluntad, que tanto desprecia Krishnamurti.
Voluntad es el poder con el cual dominamos
nuestras pasiones y nos convertimos en dioses.
Al cumplir con la ley del alquimista gnóstico,
de introducir el miembro en la vagina y retirarlo sin derramar el semen, el
fuego de la pasión se transmuta en luz astral y entonces el cuerpo astral se
robustece y se llena de luz resplandeciente, y todos los frutos esplendentes de
ese maravilloso organismo astral se sumen dentro del cuerpo de la voluntad y lo
embellecen. El fuego de la castidad es el fuego del Espíritu Santo, y el cuerpo
del Espíritu Santo es el cuerpo de la voluntad, llamado mente abstracta, cuerpo
causal: en realidad, este es el cuerpo de la mente abstracta que al inundarse
en fuego por medio de la magia sexual, se convierte en el fuego del
Pentecostés, y el hombre extático parla embriagado del Espíritu Santo en todos
los idiomas, cosas inefables, dice textualmente la Santa Biblia Gnóstica.
"Y como se cumplieron los días de
Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino un estruendo del
cielo, como de un viento recio que corría, el cual henchó toda la casa donde
estaban sentados. Y se les aparecieron lenguas repartidas como de fuego que se
asentaron sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo y
comenzaron a hablar en otras lenguas, como el espíritu les daba que
hablasen" (Capítulo 2 de los hechos de los apóstoles. Versículos 1, 2, 3 y
4).
Jehová, el Espíritu Santo, vela por el cuerpo
del Espíritu Santo en nosotros. Este fue el mayor iniciado de la época lunar.
Al finalizar aquel gran período la humanidad se dividió en ángeles y luciferes,
pues muchos son los llamados y pocos los elegidos.
Max Heindel y Steiner sostienen en sus obras
que toda la humanidad se salvará, y ello se debe a la ignorancia de esos
autores. Los versículos 23, 24, 25, 26, 27 y 28 del capítulo 13 de Lucas dicen
textualmente: "Y díjole uno: ¿Señor, son pocos los que se salvarán?; y él
les dijo: "Porfiad a entrar por la puerta angosta: porque os digo que
muchos procurarán entrar y no podrán".
"Después que el padre de familia se
levantare y cerrare la puerta, y comenzareis a estar fuera y llamar a la puerta
diciendo: Señor, Señor, ábrenos: y respondiendo os dirá: no os conozco de donde
seáis".
"Entonces comenzaréis a decir delante de
ti, hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste".
"Y os dirá: dígoos que no os conozco de
donde seáis: apartaos de mí, obreros de iniquidad". "Allí será el
llanto y el crujir de dientes, cuando viereis a Abraham y a Isaac y a todos los
profetas en el reino de Dios y vosotros excluidos".