CAPÍTULO 5º
EL BASTÓN DE LOS PATRIARCAS
Belcebú, ansioso cada vez más de sabiduría,
cumplía fiel y sinceramente todas las órdenes que su siniestro instructor le
daba. Conoció el curso de las corrientes seminales y despertó su Kundalini
negativamente por los procedimientos de la fornicación y de la concentración,
tal como lo enseña la Nigromancia.
El crepúsculo de la noche cósmica extendía el
terciopelo de sus alas misteriosas sobre los valles profundos y las enormes y
gigantescas montañas de la vieja Arcadia. Los corpulentos árboles milenarios,
últimos vástagos de padres desconocidos, habían ya visto durante largos años
caer las hojas del otoño y ahora parecían secarse definitivamente para caer en
brazos de la muerte. Nuestros actuales cuerpos humanos parecían ya fantasmas de
hombres y los íntimos de nuestra actual humanidad habían ya recibido su más
fina vestidura.
Terribles terremotos sacudían la Arcadia y por
donde quiera se sentía un hálito de muerte; de aquellas enormes multitudes de
seres humanos habían salido dos clases de seres: ángeles y diablos.
La antigua belleza del apuesto galán de la
Arcadia había desaparecido, su cuerpo se cubrió de pelo y tomó la semejanza de
un gorila. Sus ojos tomaron el aspecto criminoso y horrible de un toro, su boca
se agigantó y con sus horribles colmillos presentaban el aspecto de las fauces
de una bestia voraz. Su cabeza de enorme melena y sus pies y manos deformes y
gigantescos le dieron el aspecto de un monstruo horrible, corpulento y
enigmático. Este era Belcebú, el enigmático y apuesto galán de la antigua
Arcadia...
¿Esta era la copa de sabiduría en que él quería
beber? ¿Para llegar a esa horrible monstruosidad fueron todas esas sagradas
iniciaciones que él pasó en el templo? ¿Este era el néctar de la ciencia, o el
licor de la sabiduría que él anhelaba?
Sabiduría, divino tesoro
Que con tu fuego me quemas
Cuando quisiera llorar no lloro
Y si lloro tu me consuelas.
Errase un viejo leñador de la
comarca
Que no sabía leer ni escribir
Solo amaba el filo de su hacha
Y sentías ansias de vivir
Regaba el surco con sus lagrimas
Y amor sentía por la sabiduría
Sonreían sus mejillas pálidas
Y se embriagaba de amor y de poesía.
Sabiduría, sabiduría, sabiduría
Cuanto me quemas
Exclamó el anciano que moría
Bajo las rubias estrellas
Sabiduría licor de los dioses
Es licor que envenena
Y por un camino muy duro mi espíritu
vendrá
Es terrible, Dios mío la tortura de
esperar
Sabiduría por ti levanto mi copa
Y estoy cansado de llorar
Sabiduría a ti canto mis estrofas
Y aguardo entre las rosas
Al amor que ya volverá
Sabiduría divino tesoro
Que con tu fuego me quemas
Cuando quisiera llorar no lloro
Y si lloro tu me consuelas.
El Kundalini despertado en forma negativa lo
convirtió en una potencia tenebrosa de la naturaleza. Los magos negros durante
la fornicación pasional aprovechan el instante de la eyaculación seminal para
hacer ascender por medio de la concentración mental las hormonas vitalizadoras
que segregan las glándulas sexuales, hacia la cabeza, luego con la mente las
llevan al corazón y este último las envía hacia el dedo grande del pie derecho,
y así despiertan el Kundalini negativamente y se convierten en el monstruo de
las siete cabezas de que habla el Apocalipsis.
En la India hay escuelas de yoga negra, que
instruyen a sus discípulos en esa ciencia tenebrosa. "Todos los profundos
estudios de ocultismo los podemos reducir a una síntesis: "la
culebra". "Derramando el semen nos convertimos en diablos, y no
derramándolo nos convertimos en ángeles. Si la culebra sube, somos dioses, y si
la culebra baja, se forma la cola del Demonio en nosotros y nos volvemos
demonios. La cola del Demonio es una prolongación de la contraparte astral del
coxis y resulta del movimiento de la culebra hacia abajo, hacia la tierra.
El Kundalini es el bastón de los patriarcas, la
vara de Aarón, el báculo de Brahama y el cetro de los Dioses.
Practicando la magia sexual el alquimista
gnóstico despierta el Kundalini y sube por el conducto de un canal, llamado
Susumná: esa culebra ígnea es gruesa en aquellos que tienen mucha sustancia
cristónica (semen) acumulada, y delgada en aquellos que no tienen mucha energía
sexual almacenada. El despertar positivo del Kundalini va acompañado de una
gran fiesta en el templo.
Terribles dolores se producen en el coxis y el
fuego serpentino se va abriendo paso hacia arriba, hacia la cabeza. El paso de
un cañón a otro se realiza según los méritos morales del discípulo. Estos
cañones son las vértebras de la columna espinal; también se les llama
pirámides.
Cualquier acto indigno le rebaja al discípulo
uno o más cañones según la magnitud de la falta. Son 33 cañones que tenemos que
conquistar para llegar a la alta iniciación, que es la unión con el Íntimo.
Esos 33 cañones pertenecen al grado 33 de la Masonería, esos son los 33 años de
la vida de Cristo. El grado 33 solo lo tienen los maestros de misterios
mayores, los dos 3 unidos son el símbolo de la unión de la materia con el
espíritu, el círculo perfecto de la eternidad, cuyo centro está en todas partes
y la circunferencia en ninguna.
La alta iniciación se realiza cuando ya el
Kundalini ha llegado a la cabeza, pero para que el Kundalini suba triunfante a
través de los 33 cañones, se necesita practicar al pié de la letra todas las
enseñanzas de los santos evangelios; para llegar a la alta iniciación hay que
pasar primero las nueve arcadas: estas son las nueve iniciaciones de misterios
menores.
Conforme el fuego serpentino va subiendo por la
columna espinal van despertando todos los poderes del hombre, pues cada cañón
tiene su nombre oculto y se relaciona con determinados poderes.
Cierto maestro de misterios mayores cuenta que
antes de llegar a la alta iniciación, tuvo la debilidad de caer en cierta falta
y entonces el Kundalini le bajó cuatro cañones y para volver a conquistarlos
tuvo que luchar muchísimo.